miércoles, 9 de julio de 2014

OPERACIÓN SANTA PATRICIA 2.0, EL REGRESO (294ª PARTE): LA CAIPIRINHA HIRVIENDO (2).




  Con el relato del uruguayo Javier Máximo Goñi que aparece en este audio-video, seguimos haciéndole bullyng a los brasucas en este nuevo capítulo de la versión 2.0 de la Operación Santa Patricia, donde el comentario fue lapidario hacia el facho de mierda de Felipao y sus once jugadores paquetes.
  La histórica tolola que le encajaron los ottos a los sucupiros en el Mineirao de Belo Horizonte, ha hecho que Goñi aplique toda su filosofía para hacer mierda a los cuatro zgueros brasileños que fueron un verdadero emporio que más tarde sería un espanto, a los volantes que jugaron como el forro y, a los metepepas que no vieron ni una. Y es más, Felipao fue el blanco predilecto no solo de los comentaristas, sino que también de los propios cariocas que, luego de la Masacre Monumental vivida en Belo Horizonte, no lo quieren ver ni en pintura por ratón y por burro, igual que otros peores como Dunga y Parreira. Es más, a Felipao le enrostraron que desde los camarines mandó a puro cortar jugadas con chuletas sistemáticas, despreciando la raíz básica del fútbol. Esa onda.
  "Andate Scolari, ándate con Salvador Neto...", fue lo que Máximo Goñi filosofó cuando iban cinco a cero, mientras los torcedores no se aguantaron la afrenta. Una jornada ridícula para Brasil y su historia, que ha dejado muy en claro que los detés ratones perderían feo en cualquier parte del mundo, aparte de que los mandamases de la CBF y los mafiosos de la FIFA también están mirando un tremendo sobre de color azul con las letras P, L y R.
  Además de llorar por el feroz guatazo de 1-7 ante Alemania en la mocha de semifinales que se jugó en el Mineirao de Belo Horizonte, cientos de hinchas brasileños han salido a las calles de São Paulo y han quemado banderas de su país. Según apuntan algunos medios locales, los paquiños tuvieron que desquitarse lanzndo flor de zorrillo para dispersar a la multitud en las ciudades brasileñas, incluyendo Sao Paulo, Belo Horizonte y Río de Janeiro.
  Tras la humillante derrota de la selección de Brasil en la Copa del Mundo (que ellos la organizaron para querer ganarla y no fueron capaces de lograrlo), se presentaron disturbios en la ciudad de San Pablo. Un grupete de hinchas enfurecidos, saquearon un local de electrodomésticos e incendiaron dos buses que sirven como medio de transporte al público. 
En medio de un silencio sepulcral en el famoso bar futbolero ‘Sao Cristovao’ de Sao Paulo, un hombre grita con histeria a la pantalla de televisión: “¡Saquen a esa mierda de Julio César!”, en referencia al guardapalos que se comió siete pepas alemanas. “¡Puta! ¿qué es eso, qué pasa?”, grita como barraco otro en este bar de Vila Madalena, el barrio bohemio de la mayor ciudad del país. Muchos brasucas se tapan el caracho, se miran unos a otros con incredulidad. “¡Vamos, por favor, hagan alguna cosa! Neymar debe estar vomitando en su casa con este desastre, qué horror!”, dice a la AFP Marina Genova, una garota de 54 pepas. Neymar, el mayor ídolo de la Seleçao, de 22 primaveras, sufrió una fractura de vértebra lumbar en el partido de cuartos contra Colombia (por culpa del cafetero Juan Camilo Zúñiga que lo mandó al nosocomioy casi lo deja con un "alejandrazo" que bien pudo dejarlo paralítico) y no pudo jugar este martes. Bajo lluvia intermitente y un cielo encapotado en Rio de Janeiro, muchos hinchas que asistían al partido en el ‘fan fest’ de la playa de Copacabana se baten en retirada. “Sin Neymar y sin Thiago Silva [el capitán, que no pudo jugar la semifinal por tener dos amarillentas] el equipo es débil. Después del 2-0 ya se acabó”, dijo Bruno Pereira, un vendedor de caipirinhas de 24 años. Tras el quinto gol, decenas de sillas de playa quedan vacías, abandonadas en medio de decena de tragos sin vender. Y el coro monumental lo canta así, así, así, así, así...

 "¡AGÁCHENSEN QUE VIENEN LOS INDIOS..., AGÁCHENSEN QUE VIENEN LOS INDIOS...!!". 



También se presentó un incendio de mayores proporciones en un estacionamiento de colectivos y ya se contabilizaron 37 buses que fueron afectados por las llamas.
La policía brasuca juró de guatusi al sol que los incidentes ocurrieron tras el humillante guatazo de Brasil ante Alemania, en el partido jugado en Belo Horizonte.
El primer hecho de vandalismo fue la quema de un medio de transporte en la región de Sapopemba, al este de San Pablo.  Y el coro monumental lo canta así, así, así, así, así...

 "¡AGÁCHENSEN QUE VIENEN LOS INDIOS..., AGÁCHENSEN QUE VIENEN LOS INDIOS...!!". 



Luego, en San Mateo, un local comercial fue destruido y saqueado. Igualmente, un grupo de personas quemaron basuras al igual que bloquearon una calle en Itaquera.
Finalmente, otro autobús fue incinerado en Villa Constanza.
Según informó el diario Folha de Sao Paulo, en la region metropolitana de Curitiba un autobús fue incendiado e intentaron quemar otro más, pero el conductor logró controlar las llamas.




También a las afueras del estadio Mineirao se han registrado disturbios. Mientras que en las tribunas del estadio en Belo Horizonte (sureste), miles de niños y adultos se enjuagaban las lágrimas, el maquillaje mundialista de miles de mejillas arruinado por el llanto. Y antes del fin del partido, comienzan a partir. Ya no aguantan sufrir más, no quieren ver el final. “¡Dilma, vete a tomar por c…!”, resuena en las tribunas del estadio mundialista antes del fin del primer tiempo, un grito ya escuchado en la apertura de la Copa del Mundo el 12 de junio en Sao Paulo.
El insulto contra la mandataria, que se juega la reelección en comicios nacionales en tres meses, muestra la tensión social en este país sacudido desde junio de 2013 por grandes protestascallejeras contra el inmenso gasto público en el Mundial y por una mejor salud y educación. La Seleçao también es abucheada sin parar por la hinchada en el Mineirao, en la mayor derrota deBrasil de su historia junto al 6-0 que Uruguay le aplicó en la Copa América de 1920. “Masacre”, “vejamen”, “humillación”, “un drama”, “un filme de terror”: los brasileños, con el corazón destrozado, describen así lo que sienten tras el partido.
En Recife, otra de las sedes de la Copa Mundial, la policía lanzó gases lacrimógenos en un recinto habilitado para ver el partido. Y eso no es todo, porque la ira de los torcedores fue brutal, ya que se aburrieron de lo corneta que era su selección quemando una camiseta del llorón de Neymar y una bandera garota en las tribunas. Y para colmo, un broca cochi llorando igual que los demás. Tomen.



  En Río de Janeiro, una monumental estampida de desesperados que andaban llorando por la humillación que su selección sufrió ante los ottos en Belo Horizonte, terminó con saqueos en quioscos y otras tiendas y, con varios torombolos cazados por los paquiños y llevados al calabozo por causar pánico. Ah..., y al menos, un finado se ha reportado tras la morrocotuda y espantosa estampida desde la playa de Copacabana. 
Muchos hinchas abandonan también la calle Alzirao, la más decorada de verdeamarelo de todo Rio y donde se realiza desde hace años una especie de ‘fan fest’ del pueblo, con unos 30.000 hinchas en cada partido de Brasil para ver los juegos en una pantalla gigante. “¡No quiero ver más esto!”, llora Thiago, un joven de 17 años, tras el cuarto gol alemán. Luego del quinto gol alemán, los hinchas levantan los ojos al cielo, pero sin esperanza alguna. “¡Este partido es una vergüenza! El esquema táctico de Alemania es perfecto y nosotros no tenemos nada”, se lamenta en la calle Alzirao Karina Marques, una amante del fútbol de 17 años del estado de Santa Catarina (sureste).
Tras el séptimo gol, promete nuevas protestas callejeras. “¡Es un desastre! Será el caos. Las personas van a romper todo. El gobierno ha gastado mucho dinero en este Mundial, en lugar de invertirlo en salud y educación”, afirma. En un asentamiento irregular de trabajadores sin techo a unos 40 km de Brasilia, reina la incredulidad ante la goleada alemana. Al cuarto gol una mujer sale llorando de la barraca de madera donde está viendo el partido. “Para qué gastar tanto (en estadios) para ganar nada”, dice María José Costa Almeida, de 35 años. Y el coro monumental lo canta así, así, así, así, así...
 "¡¡AGÁCHENSEN QUE VIENEN LOS INDIOS..., AGÁCHENSEN QUEVIENEN LOS INDIOS...!!". 




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