martes, 10 de enero de 2017

OPERACIÓN SANTA PATRICIA 3.0, NI AHÍ CON EL QUE CAE (488ª PARTE): EMBOLIA.


   Con una disertación de Alberto Sanagustín sobre trombosis y embolias, seguimos inmersos en este profundo Túnel en la Ruta de la Operación Santa Patricia, que abre la pauta con algo que ya venía diciendo en Facebook.
  La situación de salud de Alejandra Correa, a 11 días de su hospitalización, no ha mejorado, por lo que Anita Olave en estos momentos, se encuentra sin activar su sesión para informarnos de cómo evoluciona su problema. Además, la hija de Alejandra no está contestando mensajes a través de las redes sociales, por lo que es preferible mantener la cadena de oración y dejar tranquila a la familia en este difícil momento. Somos Operación Santa Patricia, que junto con su grupo homónimo de Facebook y los demás grupos, nos mantendremos alerta en este difícil trance.

  Ahora, el tema que voy a tratar, es más peludo aún y, se trata de la EMBOLIA.

 Una embolia, se origina cuando un coágulo es transportado por la corriente sanguínea y bloquea bruscamente un vaso sanguíneo. Es lo que se denomina “émbolo”, que puede ser un coágulo sanguíneo o trombo, o estar formado por células tumorales, grasa, líquido amniótico o aire.
  La embolia se diferencia de la trombosis en los siguientes puntos:
·         En una trombosis, el coágulo sanguíneo o trombo da lugar a la oclusión (obstrucción) del vaso directamente en el lugar donde aparece, mientras que
·         La embolia no se produce en el lugar originario del émbolo. A partir de un trombo puede desarrollarse un émbolo si se desprende de su lugar de origen y es arrastrado por la corriente sanguínea (es lo que se denomina tromboembolia).
  Una embolia puede afectar a las venas o a las arterias, o tener su origen en ambos vasos sanguíneos:
·         Si el émbolo se produce en la parte izquierda del corazón o en una arteria mayor, la embolia que origina se denomina embolia arterial. Si la oclusión del vaso afecta al cerebro estaremos hablando de una embolia cerebral; también puede afectar a un brazo, una pierna o a órganos del aparato digestivo o urinario (el intestino o los riñones, por ejemplo).
·         Si el émbolo se produce en una vena, se denomina embolia venosa y el émbolo producirá una oclusión en una arteria en el pulmón dando lugar a una embolia pulmonar.
·         La embolia paradójica es un caso especial: aquí el émbolo se origina en una vena pero no llega a la circulación pulmonar, sino que pasa del lado derecho al lado izquierdo del corazón a través de un orificio entre ambas aurículas del corazón, llegando a una arteria de la circulación ocluyéndola.
  La causa más frecuente de una embolia pulmonar es una trombosis venosa en la pierna o la pelvis. En determinadas circunstancias (como por ejemplo en el caso de una fibrilación auricular), los coágulos sanguíneos (trombos) también pueden originarse en el corazón y provocar la oclusión de una arteria. Según la arteria ocluida, provocará la falta de suministro sanguíneo a un órgano a extremidad produciendo una serie de signos y síntomas que permiten reconocer la embolia.
  El tratamiento de una embolia venosa se dirige principalmente a deshacer el coágulo sanguíneo con anticoagulantes (heparina o acenocumarol), mientras que en el caso de la embolia arterial puede ser necesaria una operación quirúrgica. Como prevención, suelen recetarse medicamentos que diluyan la sangre.
 Las causas que producen una embolia están explicadas solo parcialmente. Se cree que las embolias producidas por coágulos de sangre sólo pueden ser producidas por coágulos recientes que todavía no han cicatrizado, cuyo tamaño sea mayor que el diámetro del vaso que obstruyen.
La embolia arterial tiene su origen principal en la parte izquierda del corazón. En aproximadamente el 90% de todos los casos de embolias el origen es una cardiopatía y menos frecuentemente una aortopatía, es decir una enfermedad del corazón o de la aorta respectivamente. Por ejemplo afectación de las válvulas cardiacas (en muchas ocasiones de origen reumático), arritmias como la fibrilación auricular, un infarto cardíaco en el que se produce un trombo en las arterias coronarias, una endocarditis (inflamación del revestimiento interno del corazón) o un aneurisma (dilatación de la pared del corazón o de la aorta). La embolia venosa se origina en una vena de la circulación sanguínea general, frecuentemente en la zona de las piernas. El coágulo (émbolo), que es la causa directa de la embolia, se transporta a través de la parte derecha del corazón a la arteria pulmonar y da lugar a la embolia pulmonar (tromboembolismo pulmonar), que según sea el tamaño del émbolo puede llegar a producir hasta la muerte.
Diferentes tipos de émbolos
  Existen diferentes tipos de émbolos que pueden ser la causa de la aparición de una embolia:
·         La embolia séptica se produce por el denominado émbolo séptico, que contiene patógenos bacterianos. Este puede ocasionar una infección en la zona afectada.
·         Por el contrario un émbolo formado por un coágulo sanguíneo no está infectado con bacterias.
·         Un émbolo metastásico se compone de células tumorales que migran desde el tumor primario, por el torrente circulatorio, hacia otras zonas del organismo produciendo metástasis.
·         Además, pueden aparecer émbolos de grasa (embolia grasa), de líquido amniótico o de parásitos.
·         También es posible que un émbolo se componga de aire (embolismo aéreo) y llegue hasta las vías sanguíneas interrumpiendo el riego. Suele ocurrir por lesiones en las venas o en complicaciones postoperatorias.
·         Al émbolo que queda aprisionado en una ramificación de dos vasos se denomina émbolo cabalgante.
Factores de riesgo:
  Los principales factores de riesgo de una embolia, son prácticamente los mismos que se mencionan en el caso de la trombosis:

  1. Arterioesclerosis
  2. Tabaquismo
  3. Hipertensión
  4. Diabetes mellitus
  5. Obesidad o sobrepeso
  6. Sedentarismo
  7.  Inflamaciones en las venas
  8. Inmovilizaciones prolongadas o cirugías recientes
  9.  Edad como factor potencial de riesgo
Síntomas:
Los síntomas de la embolia dependen del vaso sanguíneo obstruido. En general, los síntomas de una embolia son dolores repentinos. El émbolo impide el suministro sanguíneo impidiendo la función del órgano afectado o produciendo la muerte del tejido. En las zonas del cuerpo que disponen de buena circulación colateral, puede aparecer una pequeña embolia, sin que se produzca una disfunción importante, es decir, asintomática.
  Una embolia en las extremidades (en brazos o piernas) se manifiesta cuando afecta a una arteria mayor, cuyos síntomas característicos se denominan las “6 P”.

  1. Pain (dolores)
  2. Paleness (palidez)
  3. Paresthesia (parestesia, trastornos de la sensibilidad)
  4. Pulslessness (falta de pulso)
  5. Paralysis (parálisis)
  6. Prostation (postración)
  Una embolia pulmonar se reconoce por síntomas tales como una falta de aire repentina (disnea), una aceleración de la respiración (taquipnea), una taquicardia, una caída de la presión sanguínea (hipotensión) y un shock circulatorio. Si el vaso sanguíneo obstruido en los pulmones es grande, la embolia producida en los pulmones puede sobrecargar al corazón y producir la muerte.
  Los síntomas que aparecen en el caso de una embolia cerebral (accidente cerebrovascular) varían según el vaso afectado, por ejemplo, pérdida del conocimiento, parálisis... La embolia de los vasos coronarios, puede producir un infarto cardíaco. Esta última es infrecuente y suele producirse como consecuencia de un trastorno circulatorio, que se expresa en forma de trombosis de una arterioesclerosis subyacente.
 Diagnóstico:

  El diagnóstico de una embolia localizada en las extremidades se realiza en función de los dolores súbitos que aparecen, la palidez de la piel, la diferencia de temperatura corporal respecto a la otra parte, así como por la falta de pulso y los ruidos de los vasos. Entre los procedimientos, están la ecografía Doppler o la angiografía.
  El médico puede determinar una embolia pulmonar con diversas técnicas de imagen. Los mejores resultados para diagnosticar una embolia pulmonar se obtienen con una angiografía de las arterias pulmonares (AngioTAC), también se pueden emplear técnicas de medicina nuclear (gammagrafía de ventilación-perfusión).
  En el diagnóstico de la embolia es recomendable descartar una trombosis, ya que siempre representan un riesgo de producir embolias a posteriori.
Tratamiento:

  Los primeros pasos del tratamiento dependen de dónde se encuentre el vaso sanguíneo obstruido por un coágulo(émbolo).
  En el caso de una embolia aguda en una arteria de una extremidad, las primeras medidas del tratamiento se dirigen a eliminar el dolor, mantener la extremidad afectada en plano y en blando para protegerla contra una pérdida de calor. El médico de urgencias inyecta enseguida heparina intravenosa o subcutánea, ya que este medicamento inhibe la coagulación sanguínea, lo que impide que el vaso afectado se obstruya aún más. A partir de ahí, el tratamiento de la embolia continúa en el hospital donde se decidirá si se procederá a un tratamiento con medicamentos o es necesario realizar una intervención quirúrgica. En aproximadamente un 90% de todos los casos de embolias, suele aplicarse lo que se denomina una embolectomía, en la cual el médico procede a extirpar el émbolo responsable de la obstrucción del vaso. En ocasiones también es posible extraer o disolver el émbolo con un catéter (angioplastia percutánea).
  Las medias de primeros auxilios en el caso de la embolia pulmonar se dirigen a mantener y estabilizar las funciones vitales (respiración y pulso). Para ello, los sanitarios colocarán al paciente en posición semireclinada y le suministran oxígeno. También le administrarán analgésicos para calmar los dolores. Por lo demás, el tratamiento es similar al de una embolia aguda de una arteria de las extremidades. En el caso de un accidente cerebrovascular, como consecuencia de una embolia cerebral, es fundamental comenzar con el tratamiento especializado en un hospital o clínica que tenga una unidad especializada (unidad de ictus).
Junto al tratamiento inmediato de la embolia, se une la indagación y eliminación (si es posible) de las causas subyacentes. Si la causa de la embolia es una trombosis en la pierna, y no puede eliminarse, entonces puede que sea necesario insertar un filtro en la vena cava inferior que funciona de forma parecida a un colador.

Pronóstico:

 En el caso de una  embolia, el pronóstico y la evolución, dependen principalmente de dónde esté situado el vaso obstruido. En principio, cualquier persona ya haya sufrido una embolia, puede volver a padecerla de nuevo. Si existen factores de riesgo, como arterioesclerosis, tabaco, hipertensión, diabetes mellitus, sobrepeso, edad avanzada, por ejemplo, es recomendable realizar una prevención consecuente para evitar una embolia.

Complicaciones:

  En su evolución posterior, una embolia puede estar unida a diversas complicaciones según el lugar donde aparezca. Así, una embolia puede limitar las funciones de las extremidades afectadas de forma permanente e incluso, en un caso extremo, dar lugar a la pérdida del miembro (una amputación por ejemplo). Una embolia cerebral puede provocar parálisis o disfunciones del lenguaje, derivar en una pérdida de la autonomía física, convirtiendo al paciente en una persona que depende de cuidados continuos (un paciente que pasa de autovalente a discapacitado). Asimismo, una embolia pulmonar, lo mismo que un infarto cardíaco, consecuencia de una embolia de los vasos cardíacos, puede llevar a la muerte.
Consejos para prevenir una embolia:

Abandonar el tabaco 
Controlar la presión sanguínea alta (hipertensión)
Prevenir la diabetes mellitus (altas concentraciones de azúcar en la sangre)
Evitar el sobrepeso (obesidad)
Tomar líquidos en abundancia
Ante los viajes largos en avión, en bus, en tren o en automóvil, debe procurar moverse a menudo, ya que en estos casos hay que evitar la inmovilización prolongada.
Además, también se puede evitar una embolia teniendo en cuenta los siguientes remedios:
Tomar anticoagulantes (heparina, acenocumarol) si tiene enfermedades que favorecen la formación de trombos o ha presentado embolias o trombosis previamente.
Ácido acetilsalicílico (AAS) para las tromboembolias arteriales (Aspirina en bajas dosis).
Filtro de cava, en caso de embolias recurrentes (recidivas) o cuando los anticoagulantes están contraindicados.
Medias de compresión antes de intervenciones quirúrgicas o tras el parto.

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