jueves, 22 de agosto de 2013

OPERACIÓN SANTA PATRICIA, NI AHÍ CON LOS FASCISTAS (CENTÉSIMO TRIGESIMOSÉPTIMA PARTE).

   Con la composición "Desapariciones" de Rubén Blades, interpretada por Maná (https://www.youtube.com/watch?v=c9Vf0_gpT4g), vamos a iniciar un nuevo capítulo de esta monumental mega saga. En esta 137ª Parte de la Operación Santa Patricia, tenemos otro que cae redondito en esta saga. Se trata de Juan Emilio Cheyre, el comeguaguas milico.
 Ermesto Lejdermann, dejó como chaleco de mono a Cheyre y lo conminó a abrir la sanguchera y terminar con el pacto de calleuques en el Ejército por la matanza de compatriotas en La Serena, entre ellas, habían hasta guaguas recién nacidas. Lejdermann acusó al peladín de mitómano, dejando en claro lo que aquí se relata.
  En diciembre de 1973, con dos años y medio, Ernesto Lejderman sobrevivió al asesinato de sus padres, un matrimonio mexicano-argentino, a manos de una patrulla militar. El niño fue llevado al regimiento donde estaba destinado el entonces joven teniente Juan Emilio Cheyre, quien lo entregó a la Iglesia.
Ernesto Lejderman Avalos tiene 40 años, pero tardó más de dos décadas en reconstruir la verdadera historia de su familia y, de paso, la suya propia. Tenía apenas dos años y medio de vida cuando fue testigo inconsciente del homicidio de sus padres -Bernardo y María del Rosario- por parte de una patrulla militar del regimiento Arica de La Serena, comandanda por el oficial Fernando Polanco Gallardo. Los milicos se llevaron al niño al regimiento y se lo entregaron a un joven teniente: Juan Emilio Cheyre, por entonces secretario personal del comandante del regimiento Arica, coronel Ariosto Lapostol.
Cumpliendo las órdenes que se le dieron, el militar de 26 años que llegaría a ser comandante en jefe del Ejército, dejó al menor al cuidado de las monjas del convento Casa de la Providencia.
Ni Cheyre ni el niño Lejderman volverían a recordar esta historia hasta mucho después, en abril del 2003, cuando el aún jefe castrense debió declarar ante el juez Daniel Calvo (el califa) para relatar ese episodio.
Mirando directamente a los ojos del magistrado -según el propio Calvo-, en el living de su casandra, Cheyre confirmó haber sido él quien entregó el niño a las religiosas. "Mi participación en estos hechos parte en la tarde del día que vuelve la patrulla, ellos venían con un niño de un año y medio o dos. El capitán Fernando Polanco venía con un menor de edad y entregó una información que decía que habían perseguido a dos personas, que se escuchó una explosión y que al acercarse vieron a dos personas reventadas.
El comandante Lapostol me instruye que el niño pase en el más breve plazo a un convento de la ciudad de La Serena, que tuviera menores a su cargo".
Cheyre le explicó al juez Calvo, quien investigaba entonces el asesinato del matrimonio Lejderman Avalos, que tomó contacto con el obispado de La Serena, donde le mencionan la existencia de un convento cercano al cuartel militar. "Si mal no recuerdo las monjas vinieron al regimiento a buscar la guagua, no me parece que yo haya entregado al menor a las monjas. La guagua estuvo no más de una hora y media o dos horas en el regimiento hasta que se lo llevaron las religiosas", declaró el general.
El niño pasó tres meses bajo el cuidado de la monja María Cecilia Ibarra, hasta que fue reclamado por su familia en Argentina.
Su padre tenía esa nacionalidad y su madre era mexicana. A comienzos de marzo de 1974, cuando la noticia de la muerte de la pareja ya había trascendido, el gobierno del general Juan Domingo Perón presionó para recuperar al pequeño y los militares chilenos le indicaron al cónsul dónde estaba. Finalmente, fue entregado a sus abuelos en Buenos Aires.
Historia a retazos
A las 11.30 horas de hoy, los restos del profesor argentino Bernardo Lejderman serán depositados en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos.
Será la tercera vez que reciba sepultura desde que fue asesinado junto a su mujer mexicana, pero la primera a la que asistirá su hijo.
Ernesto Lejderman Avalos vuelve de pronto a ser esa guagua y recordar la historia que lo vinculó a Cheyre, justo la misma semana en que el ex comandante en jefe del Ejército fue objeto de críticas y acusaciones de partidarios de Pinochet, quienes le gritaron "traidor" cuando fue al Hospital Militar a visitar a su ex superior. El martes pasado, Cheyre viajó a Europa y hasta el cierre de esta edición, pese a varios mensajes, no era posible recoger otra versión del ex militar que la entregada a la justicia.
"No guardo ningún sentimiento especial hacia Cheyre. Lo único que le pediría es que entienda la gran necesidad que tengo de saber lo que pasó", dice Lejderman, quien asegura que recién ha logrado atar algunos cabos de su historia.
Criado por sus abuelos paternos en Argentina -sobrevivientes del holocausto judío-, éstos le ocultaron por décadas lo que le ocurrió a sus padres. "Me dijeron que habían muerto en Chile en un accidente automovilístico", señala. Recién a fines de los 80 se enteró de que esa historia no era cierta. "Encontré en el velador de mi abuela unos recortes de diarios en los que se mencionaba la muerte de un matrimonio argentino-mexicano en Chile", dice. Las noticias, sin embargo, asumían el parte oficial entregado por los militares chilenos. Este aseguraba que el matrimonio se había suicidado haciendo estallar unos cartuchos de dinamita al ser localizados por una patrulla militar.
Viajes a Chile
A mediados de los 90, Ernesto comenzaría una serie de viajes a Chile en búsqueda de su historia. Un viejo amigo de su papá, Arturo Barrios, padre del ex secretario general del PS del mismo nombre, le daría pistas.
Barrios le contó que sus padres habían viajado a Chile desde Argentina en 1971 entusiasmados por la llegada de Allende al poder. Instalados en la Cuarta Región, Bernardo Lejderman -profesor de física, músico y escritor aficionado- se transformó en el principal asesor del gobernardor de Vicuña.
Tras el golpe de Estado, con el pequeño Ernesto en brazos, la pareja intentó huir a Argentina, por el Valle del Elqui, guiada por el baquiano Luis Ramírez. Mientras esperaban los deshielos, permanecieron ocultos en una cueva en la localidad de Guallihuaica.
Allí fueron sorprendidos y asesinados por la patrulla militar que dirigía el entonces capitán Polanco. Los soldados fueron guiados por Ramírez, a quien torturaron para que delatara el paradero de los Lejderman.
Ramírez cavó junto a la cueva la primera tumba del matrimonio.
Meses después, el campesino condujo al agregado militar mexicano hasta la fosa y sacaron el cuerpo de María del Rosario Avalos, el que fue trasladado al Cementerio General de Santiago, donde, mucho tiempo después fue incinerado, sin avisarle a su familia.
Los restos de Bernardo Lejderman, en tanto, fueron llevados por militares chilenos hasta una fosa en Vicuña.
La monja Cecilia
A fines de los 90 Ernesto logró ubicar en una casa de reposo para religiosas ya ancianas a la monja María Cecilia Ibarra, que lo cuidó luego de que Cheyre lo dejara en el convento. "Ella se emocionó muchísimo, lloró, me confesó que durante el tiempo que me cuidó se había sentido mamá. Fue un momento muy emocionante", relata. Desde entonces mantiene correspondencia con ella y cada vez que viaja a Chile pasa a verla.
Pero el último capítulo de la historia estaba por venir. En agosto de 2000, el suboficial Pedro Aguirre Bustos entregó al juez Juan Guzmán los nombres de los militares que iban en la patrulla.
Junto al abogado Héctor Salazar, Ernesto Lejderman presentó entonces una querella. Cuatro militares fueron procesados, entre ellos el coronel (R) Ariosto Lapostol y el brigadier (R) Fernando Polanco.
Esa misma investigación judicial establecería el rol de Cheyre en la entrega a un convento de ese hijo que finalmente, hoy, sepulta a su padre.
General agradeció a quien le dio la orden
El 10 de septiembre de 2003, un día antes de los 30 años del golpe de Estado, el entonces comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, le envió una carta privada a quien fuera su comandante en el regimiento Arica de La Serena en 1973: el coronel (R) Ariosto Lapostol, el mismo que le había ordenado dejar en manos de las monjas al hijo de los Lejderman.
- "Hoy como comandante en jefe de Ejército valoro en todo lo que significa el poder haber desarrollado mi carrera militar sin fantasmas del pasado, gracias a que nunca se me dio una orden alejada de la recta doctrina", señala en parte el texto de la misiva.
La carta, usada seis meses después sin conocimiento de Cheyre por la defensa de Lapostol en el juicio por el homicidio de los Lejderman, proseguía:
- "Le vi actuar con eficiencia, prudencia, justicia, apego a los valores que nos inculcan a los soldados".
El resultado de esa forma de actuar, añade Cheyre sobre Lapostol, le permite volver a la IV Región sin nada que ocultar.
- "Para las estadísticas se cumplió la misión, pero es la única región sin detenidos desaparecidos".
Al juez Calvo, Cheyre le contó que el comandante Lapostol le ordenó que el niño pasara en el más breve plazo a un convento de la ciudad de La Serena, que tuviera menores a su cargo.
La caída de Cheyre del Servel.
  Como si la sinvergüenzura de Cheyre fuera una cosa insignificante, Ernesto Lejderman finalmente abrió la sanguchera y prendió el ventilador. Esto llegó al Servicio Electoral, donde el pressing periodístico y de los paladines de los Derechos Humanos fueron tremendamente fuertes y, finalmente dejaron la mansa tendalá en el fascismo que, de brutales pasaron a ser los más brutos de esta fauna. Juan Emilio Cheyre, finalmente cayó por su propio peso y tiró la toalla de la presidencia del Servel.
 Así, la conciencia de Cheyre se fue a la mierda y, los fachos de mierda también. Y el coro monumental lo canta así, así, así, así, así...

 "¡ESCONDE LA BEMBA QUE VIENE EL MATÓN...!!".
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