lunes, 4 de febrero de 2008

MIECHICÁNGEL


En la década de los ochenta, un diablito de diecisiete peras irrumpió sin desparpajo en la vapuleada escena nacional. Se trata del pobre desgraciado que se hacía llamar Miguel Ángel Poblete, el cual saltó de jabón Gringo a Camay, dejando ajoba a los intermediarios que son el Lux y el Rexona para hacerse de un nombre y hacerles creer a los feligreses de Villa Alemana -la tierra de la potable Gina Rojas- que la Vírgen María se estaba apareciendo. Mish...
  Loree. La historia de este giro sin tornillo parte el 27 de Mayo Monumental de 1966 en el nosocomio de Curicó, nunca fue reconocido por su papichulo y a los dos añitos, su mamá lo dejó mas abandonado que rondín de prostíbulo. Sabido de eso, al pobre niño lo internaron en un hogar de menores en la ciudad de las tortas, fue trasladado a Chago City a la edad de 10 añitos, donde los especialistas cacharon que este pitufín era frío, calculador e histriónico. Más encima, el broca intentó suicidarse en innumerables ocasiones, se arrancaba de los hogares de menores y se apareció en Villa Alemana viviendo en la calle.
El caso es que el susodicho nacido en Curicó, quería transformarse en curita cuando lo entrevistaron, se hizo el locateli aspirando neoprén con dos de sus amigotes, andaba con convulsiones, se fue a negro de una y se fué de un ala y cresta y media al cerro Mambrillar (El Carmelo) de Peñablanca para ver esas supuestas apariciones. Así, el personajillo ese entró a engrupir a medio mundo, y a la masa no se le ocurrió otra cosa que creer en esos sucesos paranormales vinculados ciertamente con el aspecto religioso. Sabiéndose de esto, el Arzobispo-Obispo de Pancho Gancho en ese entonces, Francisco de Borja Valenzuela Ríos pegó el grito en el cielo a la primera, chupeteó parejito ante sus amiguis ponticuicos de la tele, armó flor de telecebolla y juró ante el Pulento que todas estas apariciones eran una farsa, que fueron uno de los tantos montajes burdos de la Dictadura. Y no se quedó ahí nomás el mandamás de la arquidiócesis porteña..., porque instó a los feligreses que denunciaran al pobre infelíz por meterles el carril de que la Madre del Jeshu bailaba con el car'e gallo dentro de un círculo que asemejaba un arcoiris.
  Según la profecía que contaba el Miguel Ángel, la Virgencita le dijo que habrá terremoto para princípios de 1985..., y así pasó, por lo que hubo terremoto y medio Chile se vino abajo. En eso le apuntó el conchalepas-conchalepas de Villa Alemana, ya que los cartuchones y devotos del Opus Dei quedaron con una cara de siete metros y medio por puro no creerle el cuento de que habría terremoto y se encontraron con la mansaca que quedó.
  Pero le llegó la hora al cabeza de alcachofa, el cual hizo su último peregrinaje con un mar de pericos que llevaban cámaras fotográficas Kodak Kintamatic con cubito de 6 por 8 (48 le contestaron los desgraciados), una tracalada de comerciantes y un mar de atados. En eso, los pobres idiotas del Opus Dei decidieron mandar al compadre al loquero para que le hagan un tremendo exámen de coco para que deje de gruñir y de carrilear a medio mundo matiné, vermú y noche. Y si en 1983 el muchachín llegó a tener algo así como 120 mil feligreses en el Cerro Membrillar, cinco años después la farsa se descubrió y lo terminaron abandonando.
  Pero la historia no termina ahí nomás cabritos..., porque le hicieron otro exámen más brígido, y los matasanos cacharon que el Miguel Ángel tenía el salchichón con venas muy chico, le vieron los cromosomas y los tenía XX, por lo que el pobre desgraciado no era macho sino fémina. Entonces le aplicaron hormonas femeninas y terminó poniéndose MIÉCHICA de frentón, se llamó en principio María Angélica, pero finalmente se terminó llamando Karole Romanoff, dejando a Chilito lindo cortándose las venas.

  Recién en 2002, se supo que el Miguel Ángel andaba consumiendo hormonas femeninas e implantándose tetas de acrílico para ponerse ese nombre y seguir hablando incoherencias, como que juraba de abdómen que venía de los zares rusoskis y que, para variar, en una entrevista decía que Chile lo mató. ¡¡Sssaaaaaaa...!!!.
  Finalmente, Miguel Ángel Poblete, muere a los 42 años víctima de una hemorragia digestiva que derivaría luego en un síndrome hepático renal avanzado produciso por irse tanto al neoprén como al cogollo morado y al alcohol.
Así se acaba la historia más escabrosa de los últimos 35 años, protagonizada por un pobre animal de la raza humanóide que las terminó viendo negras. Y el coro monumental lo canta así, así, así, así, así...

"¡QUE SE MUERAN LOS FEOS..., QUE SE MUERAN LOS FEOS... ¡QUE SE MUERAN TODITOS, TODITOS, TODITOS, TODITOS LOS FEOS, QUE SE MUERAN...!!".


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